OPINION - AUTOR: Pbro. Juan Torrela

UN ESPEJO DEL MUNDO ADULTO

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Nos asustamos. Nos acostumbramos. Miramos para otro lado. Los criticamos. Quedamos sorprendidos. Nos resignamos. Nos cansamos. Nos solidarizamos con su dolor. ¿Los acompañamos?
Los problemas que detectados en la vida de los jóvenes despiertan en nosotros diversas actitudes y sentimientos. Muchas veces tomamos distancia como si no tuvieran nada que ver con nosotros, sin darnos cuenta que nos devuelven, como en un espejo que agranda, lo que ocurre en el mundo adulto, o sea, en nuestro propio mundo. Y a uno no le gusta verse feo en el espejo. 
Entonces no nos quedemos mirando y lamentando, o fabricándonos imágenes artificiales. Pongamos manos a la obra, o mejor, pongamos nuestros pies en marcha. Porque se trata de recorrer un camino que nos aproxime, que nos acerque a tantos jóvenes que se preguntan muchas cosas y
que no hallan respuestas porque están muy solos. O que se las ingenian para encontrar respuestas entre ellos como pueden, porque no nos encuentran a la altura de las circunstancias o ese día faltamos a la cita porque teníamos otras cosas para hacer. 
Más adultos se buscan. Que en cuanto adultos se animen a compartir y caminar con los jóvenes. Y como lo dio a entender Jesús: muy grande es la demanda y no tantos los ofrecidos.