Viernes 24.05.2024

Un obispo al estilo de Francisco

Por: Sergio Rubin

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Fiel a su estilo, Jorge Bergoglio sorprendió con la elección del nuevo arzobispo de Buenos Aires, la jurisdicción católica más importante del país, que tradicionalmente convierte a su cabeza en cardenal. En los medios eclesiásticos se barajaban tres candidatos -dos arzobispos y un obispo- , pero siempre se incluía la posibilidad de un “tapado”. Así fue: el Papa Francisco optó por Jorge García Cuerva, un ex cura villero del gran Buenos Aires -fue párroco de la emblemática villa La Cava, en Beccar-, obispo de una diócesis de menor porte -Río Gallegos-, con sólida formación y con antecedentes de plantarse frente al poder cuando lo cree necesario.

Dicho de otra manera: Francisco optó por un sacerdote que considera con experiencia social ante la extendida pobreza en el país, en condiciones de afrontar los enormes cambios culturales que experimenta la sociedad y dispuesto a denunciar las injusticias y corrupciones. Además, por un sacerdote que observa con una mente abierta al bautizar sin poner inconvenientes a chicos de parejas gay, siguiendo sus recomendaciones. Si a esto se le suma que no proviene del clero de Buenos Aires -se ordenó sacerdote en San Isidro- y estaba alejado de la gran urbe, debe concluirse que la Iglesia en Buenos Aires iniciará con él una nueva etapa.

No es que en la Iglesia de Buenos Aires no haya sacerdotes que trabajan en los asentamientos. Los hay, y muchos con un gran compromiso. El popular padre Pepe Di Paola surgió de ese grupo. Uno de los obispos auxiliares de la arquidiócesis porteña, Gustavo Carrara, muy apreciado por Francisco, también salió de allí y hoy es el encargado de la acción religiosa en los barrios populares. Y, por cierto, que también hay muchos curas muy bien formados, con mente abierta y capaces de alzar la voz. Pero evidentemente quiere elevar el perfil de la conducción de Iglesia porteña con alguien que no pertenece a su clero..

En materia política, García Cuerva tuvo pronunciamientos fuertes. Como cuando después de las últimas PASO, en 2021, en las que el kirchnerismo fue derrotado, dijo que faltó humildad y escucha en el oficialismo. Y en un sermón llegó a mostrar un hisopo gigante para señalar metafóricamente que ese elemento necesitaban los políticos para destapar los oídos y escuchar a la gente. Y completó: “Cuando no podíamos reunirnos, ni vacunar a nuestros abuelos, ellos se vacunaban y se reunían”. Además, buscó ayudar a la superación del conflicto docente en su provincia ofreciéndose recientemente como mediador.

García Cuerva tiene una relación afiatada con Sergio Massa y con Malena Galmarini. La misma se construyó por la tarea social del sacerdote en la zona norte del conurbano, mientras los Massa manejaba el distrito de Tigre. Y cuando García Cuerva asumió como obispo de Santa Cruz y Tierra del Fuego, el propio Massa viajó a la capital santacruceña. Por el contrario. Francisco no tiene ningún tipo de relación con Massa, con quien el vínculo está dañado desde la época en que el hoy ministro de Economía era jefe de Gabinete de Cristina Kirchner.

El barajar y dar de nuevo en la arquidiócesis de Buenos Aires que implica la designación de García Cuerva tiene como telón de fondo el hecho de que Francisco no estaba conforme con la conducción del cardenal Mario Poli, quien renunció en noviembre al alcanzar los 75 años, la edad en la que los obispos deben elevar su renuncia al Papa. Más allá de que había optado por un perfil bajo tanto política como eclesial -en una ocasión pidió a los obispos que no lo votaran para presidente del Episcopado pese a que reunía los votos necesarios-, Poli se movía con excesiva autonomía a juicio de Roma.

Además, la Santa Sede le achaca a Poli deficiencias en la gestión. De hecho, no conformó organismos de control económico interno, lo que le ocasionó un llamado de atención del Vaticano, tras una auditoría. Aquella intervención de Roma, que incluyó el análisis de operaciones inmobiliarias, generaron sospechas de falta de transparencia y la decisión de Roma de congelarlas hasta la llegada del nuevo arzobispo. Pero nadie duda de la honestidad de Poli, un hombre por lo demás sumamente austero.

El nombramiento de García -a quien se sindica como un hombre de fuerte personalidad, pero dispuesto a volver atrás si considera que tomó decisiones equivocadas- implica, finalmente, que Francisco eligió a un arzobispo pensando en el largo plazo: Tiene 55 años, lo que implica -en principio- que deberá ejercer el cargo durante al menos 20 años. Por lo tanto -además de que verá pasar a varios presidentes-, trascenderá su pontificado, pero seguramente conservará su legado.