Miércoles 24.07.2024

Partidización daña a la religión

El riesgo que acecha al Papa y a la Iglesia: parecer kirchneristas

En la última semana hubo cánticos contra el gobierno en dos iglesias de Buenos Aires. El arzobispado tuvo que disculparse. Además, actitudes de Francisco fueron interpretadas también como opositoras, más allá de su intención. La grieta complicó el cuadro.
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Sergio Rubin

El Papa Francisco suele decir que Jesús hacía política, que el Evangelio tiene una dimensión política y que él también, al igual que la Iglesia, hace política. Porque se busca el bien común. E inmediatamente aclara: “Lo que no hago, ni debe hacer la Iglesia, es política partidaria. Ocurre que el sacerdote es el pastor de todos los fieles de su comunidad y, por lo tanto, prenda de unión. Por eso, si abraza una fracción política determinada, provoca división y, de paso, reduce la dimensión abarcadora del mensaje religioso. En otras palabras, el clero debe estar por encima de cualquier opción partidaria porque la partidización es un veneno para la religión.

Esto no implica que no haya sacerdotes que tengan una simpatía partidaria. En definitiva, son seres humanos como todos. Otra cosa es que la manifiesten e, incluso, que llegue a condicionar su labor religiosa. Ni qué decir a nivel institucional. Porque también la Iglesia debe evitar toda partidización y preservar su autonomía ante los gobiernos (y los poderosos). La historia es abundante en casos de cercanía con el poder o los poderosos de turno que, al final, terminó perjudicando a la propia institución en su relación con sus fieles y en su imagen frente a la sociedad. Aunque a veces se le adjudicaron injustamente simpatías partidarias.

Hay momentos de la historia en que para un sacerdote -o para la propia Iglesia- la tentación de no ser prescindente no sólo en materia partidaria, sino también de corrientes ideológicas es grande. Por caso, lo fue en los ‘60 y los ‘70 cuando tanto pesaron las ideologías (que, dicho sea de paso, Francisco rechaza porque considera que encorsetan el pensamiento). Como en otros países, la opción socialista tentó a una parte del clero católico argentino, pero fue el peronismo el que provocó aquí mayor atracción entre unos cuantos sacerdotes porque lo veían en sintonía con los postulados de la Doctrina Social de la Iglesia.

En la actualidad, el gran promotor de la tentación de caer en la partidización -más allá de que puede haber sacerdotes que no necesiten ningún incentivo- es la famosa grieta instaurada por el matrimonio Kirchner y continuada con mayor o menor énfasis por los posteriores presidentes. Al dividirse fuertemente buena parte de la sociedad en peronistas y antiperonistas -remedando la gravosa antinomia de otras épocas- o en kirchneristas y antikirchneristas, hubo un pequeño sector del clero que abrazó abiertamente el kirchnerismo y otro al que le cuesta ocultar su simpatía por el peronismo.

También es cierto que las pasiones políticas exacerbadas, producto de la gran polarización, llevaron a muchos antiperonistas (o antikirchneristas) a ver peronistas por todas partes. Y a muchos peronistas (o kirchneristas) a ver “gorilas” por todos lados. El Papa Francisco es un ejemplo de los efectos de tanto apasionamiento. Más allá de actitudes y palabras suyas polémicas o difíciles de decodificar vinculadas a la política de su país, pasó de ser calificado en Buenos Aires como un acérrimo opositor al kirchnerismo a ser considerado en Roma un fervoroso simpatizante.

En los últimos años, afectaron a la Iglesia que algunos sacerdotes del grupo Curas en Opción Preferencial por los Pobres -no confundir con el Equipo de Sacerdotes de Villas y Barrios Populares- tuvieran gestos de apoyo a Cristina. Y que un par de misas en la basílica de Luján fueran vistas -con razón o sin ella- como un guiño al peronismo por la gran presencia de funcionarios y referentes del justicialismo. Pero en la última semana se acumularon una serie de hechos que también dañaron su prescindencia por ser partidarios o interpretados como tales.

En primer lugar, el arzobispado de Buenos Aires tuvo que salir a aclarar que no convirtió la catedral en un comedor comunitario para protestar ante el crecimiento de la pobreza y la indigencia en los primeros meses del gobierno de Javier Milei, sino que se trató de un encuentro de reconocimiento a fieles que atienden a personas en situación de calle. La aclaración se produjo luego de que varios funcionarios, entre ellos la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, le achacó a la Iglesia no hacer ese tipo de manifestaciones durante gobiernos peronistas.

Luego, una misa en la iglesia de la Santa Cruz -lugar de encuentro durante la dictadura de familiares de desaparecidos- con motivo de la muerte de Nora Cortiña, presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, y del hijo del Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, se coreó la consigna opositora “La patria no se vende”. La imágenes se viralizaron y provocaron airadas protestas, pero el arzobispado dijo que la misa fue responsabilidad de la congregación de los Padres Pasionistas, que está a cargo de ese templo.

En pleno debate en el Senado de la Ley Bases y el Pacto Fiscal, otra imagen subida a las redes tuvo gran impacto: El Papa junto a los directivos de la Asociación Argentina de Aeronavegantes desplegando una bandera de Aerolíneas Argentinas en Santa Marta que implicaba un rechazo a su privatización y que al final fue excluida en la cámara alta de la nómina de privatizables. Sucedió luego de que los sindicalistas participaran de un coloquio en el Vaticano con otros gremialistas, empresarios y ONGs.

Hay quienes dicen que se trató de un encuentro privado para saludar al Papa en el que los visitantes traspasaron los límites prudenciales, como ocurrió cuando en una de las visitas que le hizo Cristina Kirchner uno de los funcionarios que la acompañaba desplegó una camiseta de La Cámpora. Otros, en cambio, lo interpretaron como una muestra más de la solidaridad del Papa ante el riesgo de pérdida de fuentes de trabajo. De hecho, también había manifestado su preocupación ante el futuro de la agencia Télam.

Al día siguiente, Francisco recibió por primera vez la visita del gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof. Hubo quienes consideraron que constituyó otro gesto de Jorge Bergoglio hacia el kirchnerismo. Y destacaron el hecho de que la audiencia duró mucho tiempo. Aunque, en rigor, el Papa le concedió audiencia a gobernadores de todos los partidos políticos. En los últimos meses, lo visitaron el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, y el mandatario de Corrientes, el radical Gustavo Valdés.

No faltaron tampoco quienes dijeron que el Papa lo saludó fríamente a Milei durante el G-7. Pero otra imagen de sacerdotes y fieles cantando la mentada consigna contra el gobierno durante una misa volvió a causar revuelo. Fue en una iglesia del barrio porteño de Constitución en memoria sacerdote barrendero secuestrado y desaparecido durante la dictadura. El dos del arzobispado de Buenos Aires, el obispo Gustavo Carrara, que ofició la misa y se mantuvo al margen, pidió disculpas.

Al día siguiente, el propio arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva,  condenó la politización de la misa, al afirmar que "es algo sagrado porque está en las entrañas más profundas de la fe de nuestro pueblo. Al templo venimos a alimentarnos de unidad, de fraternidad, de paz. Por eso no está bueno usar la misa para dividir, para fragmentar y partidizar. No está bueno usarla para que terminemos separados como hermanos. La misa es para unir, no para dividir”.

En medio de tanta agitación, el presidente del Episcopado, el obispo Oscar Ojea, salió a aclarar que la misa que oficiará el miércoles en una parroquia de La Matanza junto a los curas villeros es en reconocimiento a la abnegada tarea de las cocineras de los comedores populares y “no contra algo o contra alguien”. Más aún: dijo que no se invitará a ningún político porque “no queremos que algo que no pertenece a ningún sector político sea usado” partidariamente.

Evidentemente, la Iglesia tiene que poner límites frente a los desbordes político-partidarios de una porción del clero, por pequeña que ésta sea. Es cierto también que cada sector político debería evitar interpretar la actuación del Papa y de la Iglesia según su conveniencia. Pero hoy más que nunca cuenta aquello de que no sólo hay que serlo, sino también parecerlo. Porque, de nuevo, la partidización -real o aparente- es un veneno para la religión.

Fuente: TN y VR