vivencias de jovenes argentinos

Volver renovados en la fe

Por: María Montero

Todos coinciden al contar la profunda transformación que experimentaron durante la Jornada Mundial de la Juventud. Sienten que la palabra y los gestos de Francisco los cambió para siempre.
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Si de algo no quedó duda en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), es que la Iglesia está viva, llena de alegría y quiere transmitírsela a todo el mundo”. La conclusión a la que arribó Valentín Guerberoff, uno de los jóvenes que viajaron desde Gualeguaychú, Entre Ríos, al encuentro con el Papa en Río de Janeiro, se replica en el testimonio de los miles de argentinos que regresaron a sus casas con un fervor renovado por el evangelio.
Todos coinciden en que es difícil describir la emoción vivida y que aún están asimilando sus palabras. Valentín, por caso, asegura que “fue una nueva demostración de que Dios me ama, me llama a seguirlo y que no hay que tener miedo porque me guía a través del Santo Padre”.
También de Entre Ríos, pero del departamento de La Paz, Marcelo Galeano fue uno de los doce jóvenes elegidos para almorzar con Francisco. Siente que es un privilegiado por haber conversado cara a cara con el pontífice y lo describe como un hombre simple, atento, distendido y muy cariñoso. Durante la comida se hicieron chistespero también conversaron de sus preocupaciones. “Nos dijo que no pueden existir jóvenes sin esperanza, sin un sentido de la vida - cuenta- y volvió a remarcar la necesidad  de cuidar los dos pilares de la sociedad: “los jóvenes, porque tenemos la fuerza para trabajar y los ancianos, que guardan la sabiduría de los pueblos”.
Otro de los que estuvo muy cerca del Papa fue Bala, del Movimiento Scout de Argentina, quien colaboró, junto con el personal de seguridad, en el orden del vallado en las ceremonias multitudinarias de la jornada. Señala que una de las cosas que más lo impresionó era el despliegue de energía de Francisco. “Lo vi rozagante, vigoroso, con todas sus fuerzas, no paraba un minuto, todo el tiempo caminando junto a la gente, subiendo y bajando del auto”, afirma. Y opina que sus gestos y palabras lograron la vuelta a la iglesia de muchos católicos que estaban un poco alejados.
Tal vez obedeciendo al mensaje del Papa, de estar cerca al necesitado, hace una semana Camila, del Instituto Nuestra Señora de la Unidad, fue a servir a los peregrinos de san Cayetano. “Venir a colaborar también es una manera de demostrar la fe y llevarla a otros, como dijo Francisco”, asegura, y cuenta que en Brasil, se alojó en la casa de una familia de San Pablo que la trataron como a “una hija más, me mostraron que vivían la fe igual que yo, que no nos separaba nada”.
El padre Sebastián, un joven sacerdote de la congregación del Sagrado Corazón, describe la presencia del Pastor como “descollante y profética” y afirma que de Río, se trajo “una fe libre, pluricultural, con miles de maneras de expresarse y renovada, en seguir a Jesucristo en serio”. Como cura, interpreta el mensaje de Francisco como si le dijera “metete en la realidad porque estos hermanos, especialmente los más necesitados, precisan de una palabra, de un gesto, de alguien que se ocupe de ellos”.
Sin pudor, Brian, otro de los jóvenes, reconoce que se le llenaban los ojos de lágrimas cada  vez que escuchaba hablar al Papa y señala: “Era hermoso ver a tantos jóvenes reunidos gritando el nombre de Jesús, apasionados por Francisco, con personas que crees diferentes porque ni siquiera hablan tu idioma, pero que comparten la misma locura por Jesús, que es lo que nos incendia el corazón”.