LOGRADA PRODUCCION EN EL TEATRO DEL GLOBO -autor: José María Poirier

Wojtyla, el musical de su juventud

La obra, que se centra en la juventud de quien llegaría a ser el Papa Juan Pablo II, atrapa por la coreografía y la compenetración de los actores.
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Pocos papas pueden inspirar una pieza teatral con tanta verosimilitud y emoción como Juan Pablo II, que fue en juventud actor y dramaturgo. Además de la carismática personalidad de Karol Wojtyla (1920-2005), la historia que le tocó vivir (y que supo afrontar con admirable valentía) lo sitúa como emblema de Polonia, que luchapor liberarse de la humillación del nazismo alemán, primero, y del comunismo ruso, después. Verdadera personalidad de su siglo, condujo sin titubeos a la Iglesia hasta las puertas del tercer milenio.
La obra ideada por Tito Garabal, con música de Ángel ahler y dirección de James Murray -en cartel en estos días en el Teatro del Globo- tiene la originalidad de centrarse en la juventud de Karol Wojtyla y desde esas vivencias tan fuertes y tan entrañables seguir por cuadros hasta que es elegido sucesor de Pedro, en Roma. Andrés Bagg, en el papel protagónico, y Sol Montero, como su amiga Halina, ilustran una relación afectiva que no llegó a noviazgo porque Karol la sublimó para seguir su llamado al sacerdocio, y ella aceptó sin dejar de acompañarlo nunca. Por su parte, Vicky Buchino aporta, desde el rol de la religiosa Helena, su reconocida voz y simpatía actoral. La lograda coreografía es obra de Natalia Mezzera y el libro pertenece a Marcelo Kotliar y  hacho Garabal.
La obra presenta el amor de Karol Wojtyla por su padre y por su patria, el dolido recuerdo de la madre perdida en la primera infancia y el afecto juvenil por Halina, que se entremezclan con la producción poética y teatral de  la Resistencia polaca, nunca confundida en él con ninguna forma de violencia. Finalmente, la vocación religiosa (a partir de la “noche oscura” de San Juan de la Cruz) marcará el camino de este hombre excepcional que dejó huella en la historia. Son varios los aciertos de esta pieza, que si bien responde a una temática religiosa, no se limita a un público determinado y puede encontrar ecos en diferentes ambientes.
Impresiona también la compenetración de los actores con la historia narrada, advertible en la profunda emoción con que saludan al final los aplausos de la platea. Señala Tito Garabal, autor de la idea original: “Nuestro desafío es proponer un mensaje que supere lo religioso confesional y sea un llamado a todo hombre o mujer de buena voluntad que quiera una sociedad mejor, más fraterna, más humana, tal como hizo cada día Karol Wojtyla”. Kotliar, por su parte, explicó que quisieron dejarse llevar por el atractivo del ser humano y recorrieron tramos clave como cuando trabajó como obrero en una cantera para no ser deportado o cuando perdió a sus  amigos en la guerra. Además, la relación con un amigo judío marca uno de los momentos culminantes del musical.
En tiempos en que escasean liderazgos políticos y sociales, y cuando la Iglesia atraviesa una profunda crisis de credibilidad, puede parecer una osadía presentar la figura de Juan Pablo II de esta manera. Sin embargo, su perfil despierta una vez más profunda empatía con el público y conmueve la estatura del personaje.