Por: Ricardo Elía
El espacio entre los siglos X y XIII en Al-Ándalus (España musulmana) se considera la Edad de Oro del Judaísmo con sus mejores poetas, médicos, filósofos y místicos como Ibn Shaprut, Dunash Ben Labrat, Ibn Gabirol, Ibn Paquda, Moshé Ibn Ezra, Abraham Bar Hiyya, Yehudá ha-Leví, Maimónides y Shem-Tov Ibn Falaquera entre muchos otros. Estos sabios generarían una serie de celebridades en el sur de Francia como Gersónides, Moisés de Narbona y Moshé Ben Shmuel Ibn Tibbón que tradujo las obras del polímata musulmán cordobés Averroes (Ibn Rushd) del árabe al hebreo.
El gramático, filósofo y poeta judío andalusí Shlomó Ben Yehudá Ibn Gabirol, en árabe Suleimán Ibn Yahia Ibn Yabirol, llamado al-Malaqi (el Malagueño), en romance Avicebrón, nació en Málaga entre 1020 y 1021, y probablemente falleció en Valencia hacia 1052. Moshé Ibn Ezra indica que murió pasados los treinta años, y Yehudá al-Harizi señala que vivió veintinueve años.
Desde su juventud irá sufriendo de un destino adverso. Se vería aquejado de una dolorosa enfermedad. Todos sus biógrafos coinciden en ese aspecto desgraciado de su vida, hecho que se reflejaría en el carácter de su obra, tanto filosófica como poética y ética, y, en gran parte, la determinaría. Se especula, entre otras muchas explicaciones, con que esta enfermedad fuese una tuberculosis cutánea, produciéndole temporalmente grandes sufrimientos y un desagradable aspecto físico. Tanto de su soledad como de esa enfermedad suya tenemos noticias por sus poemas.
Trátame bien y deja a mi corazón descansar,
¿acaso soy el mar?, ¿es mi fuerza la de las rocas?
Me han golpeado los dolores,
me acosan, me cercan las angustias.
Mi enfermedad consume mi carne,
lastima mi corazón y turba mis ideas.
Me retuerzo de dolores sobre mi lecho
como quien se revuelca entre cardos y espinas.
Neoplatónico, mantuvo fuertes controversias con los sectores opuestos al pensamiento filosófico especialmente durante su residencia en la Taifa de Zaragoza (Saraqusta) de la dinastía de los Banu Hud. Ibn Gabirol es autor del primer tratado sistemático de ética y moral, dentro del mundo judío y musulmán de Al-Ándalus: «La corrección de los caracteres» (Kitab islah al-ahlaq), obra compuesta en árabe. Otra de sus obras escritas en árabe es el «Libro de la selección de perlas»: consta de 652 máximas o sentencias morales y están guardadas en sesenta y cuatro capítulos. Fue traducido en 1990 por Joaquín Lomba Fuentes (1932-2018), doctor en Filosofía y en Filología Semítica y catedrático emérito de Filosofía de la Universidad de Zaragoza.
La obra filosófica por excelencia de Ibn Gabirol, compuesta entre los años 1040 y 1045, es «La fuente de la vida» (árabe Yanbu al-hayat y en hebreo Mekór jáim). Fue traducida al latín con el título de Fons vitae por el clérigo español Domingo Gundisalvo en 1150, influenció en los cabalistas e inspiró al filósofo holandés descendiente de judíos andalusíes, Baruj Spinoza (1632-1677). El original árabe está perdido. El sabio malagueño utiliza la forma literaria de un diálogo didáctico entre un maestro y su discípulo para debatir sobre la materia universal y las formas divinas. Recién en 1847, estudiando esta obra, el arabista y hebraísta francés de origen prusiano Salomon Munk (1893-1867) descubrirá que Avicebrón e Ibn Gabirol eran la misma persona.
En sus últimos años Ibn Gabirol compuso el poema litúrgico «Corona Real» (Kéter Maljut). Aunque su lengua materna y de uso común era el árabe, esta obra es una de las excepciones notables que el autor escribió directamente en lengua hebrea debido a su carácter profundamente litúrgico y religioso. Traducida en Argentina por el filósofo León Dujovne (1898-1984) y publicada por la editorial S. Sigal en 1961, constituye un himno solemne al monoteísmo. Un fragmento dice:
«Eres Uno, el principio de toda enumeración,
y la base de todo edificio
Eres Uno, y, por el misterio de tu Unidad,
la razón de los sabios queda estupefacta,
porque de ello no conocen nada.
Eres Uno, y tu Unidad no disminuye ni aumenta,
en Ti ni deficiencia, ni sobre abundancia.
En efecto, no se concibe en Ti ni multiplicación ni modificación
Eres Uno sin definición y sin perífrasis.
Eres Uno. Pero para establecer en Ti un límite
o una determinación se desalienta el razonamiento…
Eres Uno. Tu sublimidad y tu trascendencia
no pueden disminuir ni descender.
¿Podría existir el Uno que decae?»
* Secretario de Cultura del Centro Islámico de la Rep. Arg.